El mar tan opaco en la noche. Y yo sin saber qué es ese ruido mientras duermo.
Yo sabiendo que capaz una tormenta alcance para hacerme desaparecer.
Yo sabiendo que voy a intentar nadar, que voy a desaparecer si así fuera intentando nadar.
No quieto, no lúgubre. Guerrero, hasta en la lástima.
El mar sigue calmo, pero algún relámpago se ve a lo lejos. La balsa flota, voy a descansar.
Habrá que nadar.
martes, 25 de febrero de 2020
Balsa.
No siempre fue balsa.
Cuando partió fue casi Titanic. Soberbio, lleno de certezas, todopoderoso.
Y no fue un iceberg, no fue un pedazo de hielo, pues era más fuerte que el Titanic. Fue un iceberg, y otro, y otro, y otro.
Chocar, embestir, hasta que quedó esto.
Balsa, tronco en medio del océano y yo agarrado, ni atado, solo agarrado.
Cuando partió fue casi Titanic. Soberbio, lleno de certezas, todopoderoso.
Y no fue un iceberg, no fue un pedazo de hielo, pues era más fuerte que el Titanic. Fue un iceberg, y otro, y otro, y otro.
Chocar, embestir, hasta que quedó esto.
Balsa, tronco en medio del océano y yo agarrado, ni atado, solo agarrado.
viernes, 21 de febrero de 2020
El tren que nunca pasaba.
Ana y sus hermanas caminaban cada día hasta la estación.
Chiquitas, lindas, de la mano.
Con ilusión se acercaban al final de cada tarde hasta las vías, hasta la casa vieja de madera con bancos en el frente donde esperar.
La tarde se reflejaba en los vidrios de las ventanas de la estación, las sombras de Ana y sus hermanas recorrían las tablas del piso.
Las sombras corrían y jugaban y peleaban.
Las sombras quedaban con los cachetes colorados y llenas de sudor.
Felices de jugar.
Las sombras.
Ana y sus hermanas no.
La noche instalada las veía perderse de regreso a la casa.
El tren no pasaba nunca.
O no traía a quién Ana y sus hermanas esperaban.
Que es lo mismo que no pasar.
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